Supongo que debería presentarme, pero hace tiempo me robaron
la identidad. En realidad, sólo trataron de quitarme algunas fotos, palabras y
recuerdos.
Y quizás lo consiguieron.
Sin embargo, hoy todo ha vuelto sin necesidad de pulsar el
botón de lo que ahora es mi vida. A veces, en un solo momento, toda tu vida
puede pasar por delante de tus ojos y notarlo, ¡vaya que si lo notas!
En ocasiones huimos
para olvidar, pero lo más probable es que aquello de lo que huyes, se tope de
frente en tus narices, como si tuviera todo el derecho a hacerlo. Un día decides escuchar esa canción, leer la carta o pasar
por aquella calle que te obliga a toparte con El Recuerdo. Y lo más injusto de
todo es que no siempre puedes volver a correr de nuevo. Pero estás cansado de
que te persiga, ¿verdad?
Yo pienso que si te persigue es porque aún queda algo por
hacer. Muchas veces perdemos o no se nos da la oportunidad de hacer las cosas
de una determinada forma y pasamos el resto de nuestras vidas preguntándonos
porqué no fue de otro modo.
Yo lo hice.
Ya han pasado doscientos setenta y un
días desde que El Recuerdo decidió perderse, aunque no supo por aquel entonces
que nos encontraríamos por el camino.
Yo sí lo sabía, pero nunca estaba
preparada para enfrentarlo.
Intentaron robarme mi identidad, pero hoy puedo ser quien
quiera sin necesidad de que me reconozcan. Puedo gritarle al viento el nombre
que quiera, la apariencia que desee e incluso, caminar de otro modo.
Nadie sabe quien soy por las calles de aquella ciudad, y sin
embargo, mi mente vuelve constantemente a esa calle, con esa canción, tras
aquella carta y aquella voz, hace doscientos setenta y un días. Llámalo
nostalgia, yo lo llamo “nunca más”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario