Por aquel entonces ni siquiera dormir le parecía buena idea. Dejar pasar el tiempo, sobrevivir, no era señal de madurez.
Se le antojaba lejano no idear una nueva película cada noche (¡qué diablos, cada día!) en la que ella solía ser la protagonista. Ahí, ella nunca perdía.
Aquel día no le quedaban más sueños para dormir ni cuentos para soñar. Y eso es lo que ella era ese día, pero no lo que fue a partir de entonces...
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| PFlash Photography. |
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