Nos encontramos sin buscarnos. Nos encontramos en aquel tiempo en el que mis lágrimas eran de café y tú regalabas sonrisas a la nada.
Tanto y tan poco, a la viceversa. Podría haber sido la mejor de las coincidencias, pero fue la peor de las casualidades, de esas que tienen barreras. Y cuando no te faltan las ganas, escalas sin arnés de seguridad, con la única seguridad de que eres bueno pisando fuerte. Pero si preguntamos al tiempo cuanto tiempo el tiempo tiene para nosotros, probablemente yo ya habría desaparecido antes de mirar el reloj. Y habrían desaparecido tus ganas y tus sonrisas a la nada y al todo. Y no digo desaparecer de desvanecerse, pero sí hacia mi dirección y eso pesaría más que la mochila naranja en la que llevo mi vida desde hace otra vida. Y que la vida no es justa y que yo tengo el tiempo justo, el justo para coger mi transporte hacia ningún lugar para encontrarlo todo, para encontrarme sin saber qué busco. Y definitivamente no te buscaba, eso sí lo sabía.
Y que tus ganas, mi tiempo, tu sonrisa y mis lágrimas querían encontrarse y no pude no darles el capricho. Es lo que tienen los buscadores, que buscan y buscan y a veces no encuentran, pero este no era uno de esos casos sacados de Bucay.
Nos encontramos sin buscarnos y se me antojaba como cuando juegas a un juego desconocido, pulsas todos los botones con la esperanza de ganar. Y ahí cualquier victoria era buena, es lo que tiene la falta de tiempo, ganas y expectativas. Eso es lo que nos caracterizaba, la ausencia de expectativas; las expectativas nacen, crecen, se mantienen y mueren, y yo quise olvidar abonar mi superficie. Pero no creas que no crecía nada, de la nada salen cosas, de las cosas sale mi curiosidad. Y que quizás la curiosidad mató al gato, pero alguien estúpido dijo algo estúpido como que los gatos tienen siete vidas. Mi curiosidad tiene siete intentos; cuadrado, círculo, R1, triángulo, cuadrado, R2, círculo. Totalmente aleatorio.
Y que podría haber sido la mejor casualidad y fue la peor coincidencia.
Y me enamoré de ti tiempo antes de saberlo.
Y eso fue el principio del fin.
domingo, 30 de agosto de 2015
lunes, 10 de agosto de 2015
Lecciones
Aprender a no restar una hora menos a cada día. A poner el cuenta kilómetros a cero. A no seguir la línea de la frontera en tu búsqueda. A borrar de mi piel tus caricias y no confundir otras manos con las tuyas. A vivir de día y dormir de noche. A vivir en vertical y no en horizontal. A conseguir olvidar las piernas entrelazadas al caer el sol y sonreír al verlas en la misma posición al amanecer, o muchas horas más tarde. El amanecer...aquellos que llegaban tras bailar durante horas, distintos pasos, distinta música. A veces me pisabas los pies. A veces llevabas el ritmo, aunque resulté ser buena bailarina. A darle una patada a todos los sueños vestidos de blanco o sin ropa. A que el cielo no nos vea llegar a él una y otra vez. A que los cafés sean simplemente cafés y los cigarros sean simplemente cigarros. A viajar sin ti. A que los viajes cobren otro significado mucho más literal. A que los tres puntos de racionalidad e irracionalidad se reten cada vez que te ven a un duelo; a que no se pongan nunca de acuerdo. A no poner rumbo Este cuando llueva, truene o haga frío. A no sentirte como en casa. A no recordar que el único idioma que entendemos ambos es el de los cuerpos, uno sobre el otro, de lado, de pie, contra la pared. A que tu boca no me haga perder el sentido del tiempo y a veces del espacio. A no sentir mi cabeza sobre tu pecho y viceversa. A no pensar que todo fue ilusorio. A rescatar la parte real de entre la idealización. A no tener que luchar más contra viento, marea, tus idas y tus venidas. (¡Y cómo te venías!). A no culpar a nadie en este juego que es la vida, que provoca coincidencias, que provocó la nuestra.
Me gustó jugar contigo.
jueves, 9 de abril de 2015
Historias tristes
Las historias más tristes son
aquellas que terminan cuando querías que fuera y no podía ser.
Y tú saltaste. Saltaste a la
piscina, como solías hacer, aun sin tener siquiera agua. Solías recordarte a diario
que el límite no lo ponías tú, como solías hacer.
Nadie apostaba por ello y tú, aun
sabiendo que el póker no era lo tuyo, lo pusiste todo sobre la mesa, a carta
descubierta. Todos sabían cómo terminaba el juego, conocían las reglas mejor
que tú, pero tú sabías, con certeza, que lo contrario de vivir es no
arriesgarse. Y arriesgarse implicaba asumir el final de esa historia tan mágica
y tan triste. Mágica porque tenía truco y triste porque no pillaste el truco.
Hasta hoy.
Nadie te había dicho que el juego tenía aquellas reglas diferentes a
las que solías emplear. Supongo que es una cuestión de costumbre, era lo más
difícil, asumir que nada sería igual después de tu historia.
Las historias más tristes son
aquellas que terminan cuando querías que fuera y no podía ser.
Y tú la seguiste. Seguiste
kilómetros a la rosa de los vientos, viento en contra. Solías recordarte a diario
que el límite no lo ponías tú, como solías hacer.
Despedirse cuando no te queda
nada atrás, cuando tu mochila no pesa más, es fácil, es relativamente fácil.
Pero tú cargarías ese peso siempre, recordando los límites, las reglas y la
falta de costumbre.
Quien no arriesga, no gana,
dicen, pero tú arriesgaste y perdías, un día tras otro. Y tú sentías ganar, a
pesar de todo. Fuiste todo aquello que no querías ser, todo aquello que querías
ser y pensaste por algunos mágicos instantes en lo que podríais haber sido. Ambos.
Y dormir sin soñar no solía ser
lo tuyo.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
De dos en dos.
"Que salto las franjas negras
del paso de cebra y casi siempre
de dos en dos.
Que recojo los vientos antes incluso
de formar tempestades.
Lo mío no es la lluvia.
Que prefiero el de liar
porque tarda más en consumirse.
Que no apunto directamente hacia el cielo,
sino hacia el suelo.
Yo soy más de tener los pies sobre la tierra.
Que me gusta la camisa con tres botones,
que prefiero enseñar el pecho al alma.
Pero lo mío no es el maquillaje,
el vaso vacío entero,
vaciarme en pañuelos,
ni dibujar sobre gris.
Lo mío no es la lluvia"
del paso de cebra y casi siempre
de dos en dos.
Que recojo los vientos antes incluso
de formar tempestades.
Lo mío no es la lluvia.
Que prefiero el de liar
porque tarda más en consumirse.
Que no apunto directamente hacia el cielo,
sino hacia el suelo.
Yo soy más de tener los pies sobre la tierra.
Que me gusta la camisa con tres botones,
que prefiero enseñar el pecho al alma.
Pero lo mío no es el maquillaje,
el vaso vacío entero,
vaciarme en pañuelos,
ni dibujar sobre gris.
Lo mío no es la lluvia"
lunes, 18 de noviembre de 2013
Buscadores
Tonta de mí, de veras pensé que por abrazarte más y más fuerte, te
quedarías. Pensé que por cerrar la puerta, no te irías. Supuse que por cerrar
los ojos, apretar los puños y cogerme las rodillas, estarías aquí.
Lo que no pensé fue en tus idas y venidas, te antojabas tan inamovible,
tan sedentario, tan…bueno, creí que permanecerías conmigo. No pensé en que
quizá, y sólo quizá, no habías venido para quedarte, sino que tu ser era
efímero, curioso, viajero.
También pensé en si habría algo que te hubiera hecho alejarte, pero no
tenías motivos; yo te abrazaba todo el tiempo, fuerte, muy fuerte.
Recuerdo como solía admirarte; me gustaba tumbarme en la cama, mirar
hacia ti e imaginarlo todo. Prometías ser constante. No había nada que pudiera
esperar, querer, aspirar…nada más que tú.
Y pensé que y si…, y pensé que podría que… y pensé que quizás… ¡Y
comprendí! Te antojabas inamovible, constante, predecible, estable, sedentario,
eterno, pero ahora sé que eres efímero, viajero, volátil, nómada y
tú…tú te fuiste para que te buscara. ¡Quisiste convertir mi vida en una
búsqueda constante!
Nadie habría esperado eso de sus sueños… bueno, nadie, excepto yo.
sábado, 3 de agosto de 2013
Fe ciega...
A menudo escucho las frases que algunos adultos dicen a los más jóvenes, tales como "deja de pensar en esas tonterías, cuando seas mayor, verás las cosas como son" o "yo cuando tenía tu edad decía lo mismo", pero yo no les creo.
Hmmmm...¿realmente crecer significa deshumanizarse? Madura, dicen. Pero muchas veces no se refieren a que adquieras responsabilidades o que seas consecuente con tus actos; en su mayoría quiere decir "BASTA, deja de soñar" ¿Pero por qué? Yo no creo que soñar debiera ser solo "cosas de niños". El ser humano, generalmente, puede tener dinero o no tenerlo, vivir en un lugar o en otro, trabajar en un sector o en otro, determinar lo que otros seres humanos pueden ser o tener...e irónicamente, elige aspirar o no a todo ello, pero no elige tener fe ciega. No elige soñar, imaginar, construir...porque implica un riesgo mayor que todas las elecciones anteriores; la decepción.
Y habrá gente que se burle de mi fe ciega en la lucha por conseguir libertad, respeto e igualdad, pero a todos les responderé de la misma manera; con mi mejor sonrisa, ganas y mi "hoy, vuelvo a intentarlo".
Hmmmm...¿realmente crecer significa deshumanizarse? Madura, dicen. Pero muchas veces no se refieren a que adquieras responsabilidades o que seas consecuente con tus actos; en su mayoría quiere decir "BASTA, deja de soñar" ¿Pero por qué? Yo no creo que soñar debiera ser solo "cosas de niños". El ser humano, generalmente, puede tener dinero o no tenerlo, vivir en un lugar o en otro, trabajar en un sector o en otro, determinar lo que otros seres humanos pueden ser o tener...e irónicamente, elige aspirar o no a todo ello, pero no elige tener fe ciega. No elige soñar, imaginar, construir...porque implica un riesgo mayor que todas las elecciones anteriores; la decepción.
Y habrá gente que se burle de mi fe ciega en la lucha por conseguir libertad, respeto e igualdad, pero a todos les responderé de la misma manera; con mi mejor sonrisa, ganas y mi "hoy, vuelvo a intentarlo".
![]() |
| Fotografía: PFlash photography (Royal Pavilion, Brighton) |
sábado, 18 de mayo de 2013
A la cuarta, va la vencida.
No son ni las siete de la tarde cuando llego al aeropuerto. El bullicio hace que me traslade de lugar, irónicamente, pues estoy algo nerviosa. Siempre me ha encantado perderme en nosedonde, aunque en realidad siempre he querido llegar a algún lugar que me resulte cómodo y familiar. Al contrario de lo que muchos piensan, a mí lo desconocido me fascinaba.
El megáfono me saca de mis pensamientos y descubro que aún quedan unos minutos para el despegue de mi avión. Me toco las manos, algo nerviosa. Este destino es a la par familiar que desconocido, un tanto ideal, podría pensar, pero me aterra. Por una vez en mi vida, me aterra que aquello desconocido me tome por sorpresa y recaiga sobre mí el "te lo dije" paterno.
Me apresuro un poco, pues podría perder el vuelo,aunque voy mirando las demás puertas de embarque, por si necesito echar a correr y volver a casa en cualquier momento.
La gente me empuja, me aparta, me mira, me ignora, me pregunta algo en un idioma que no conozco...todo es un caos. No sé qué hacer. Debo decidir si cojo el vuelo 0109 o por el contrario, me quedo aquí, anclada y una vez más, vencida por el miedo.
"Piensa, piensa, piensa en lo mejor, vamos, no pierdas esta oportunidad". Ya ni siquiera mi auto-consuelo me satisface.
Decido dar algunas vueltas, pues anuncian que mi vuelo se ha retrasado una media hora-"Genial, eso me da un margen". Deambulo por estos grandes espacios llenos de escaleras que van hasta a 4 pisos y no pierdo de vista ciertas señales para recordar el camino de vuelta.
Lo cierto es que mis ultimos 3 viajes fueron desastrosos, todos ellos desconocidos y fascinantes en un principio. Sin embargo, en el primer viaje tuve, digamos, un aterrizaje forzoso, una gran tormenta amenazaba parte de mi país y tuve que aferrarme a que, una vez pisara tierra, encontraría otro gran viaje. Aunque no fue ese el gran final, pues cancelé mi segundo vuelo. No me sentía preparada para tal viaje, tras éste último, así que me bajé del avión poco antes de despegar. Debo decir, en mi defensa, que no pensaba dejar de viajar, tan sólo plantearme unos nuevos objetivos. Mi tercer viaje fue breve, pero intenso. Quizás eso fue lo que no lo hizo ideal, pues en esa ocasión llevaba altas espectativas acerca de lo que encontraría en aquel lugar. Soñaba despierta cada noche con ese viaje, corrí ilusionada hacia el aeropuerto y reservé el primer avión que salía ese día a nosedonde. Pero de nuevo, me precipité con mi viaje, pues tanta ilusión se vio frustrada por un paraje desierto. No me gustan ese tipo de lugares, ni siquiera si son desconocidos.
Un anciano deambula por el pasillo en el que estoy sentada y no quedan más asientos libres, así que se lo cedo y me marcho hacia mi puerta de embarque.
Esta vez, no llevo predicciones hechas, ni prisas, ni siquiera el miedo de que de nuevo, me halle ante un aterrizaje forzoso. Sencillamente quiero montarme en ese avión y bajarme en otro lugar desconocido y explorarlo a fondo, como solía hacer casi 3 años atrás. El sentido de mi vida se halla en buscar, no en encontrar- parafraseando a Bucay.
Son las ocho de la tarde y me dispongo a cruzar los parámetros de seguridad de mi vuelo. Tras mostrar mi identificación, por fin, salto.
El megáfono me saca de mis pensamientos y descubro que aún quedan unos minutos para el despegue de mi avión. Me toco las manos, algo nerviosa. Este destino es a la par familiar que desconocido, un tanto ideal, podría pensar, pero me aterra. Por una vez en mi vida, me aterra que aquello desconocido me tome por sorpresa y recaiga sobre mí el "te lo dije" paterno.
Me apresuro un poco, pues podría perder el vuelo,aunque voy mirando las demás puertas de embarque, por si necesito echar a correr y volver a casa en cualquier momento.
La gente me empuja, me aparta, me mira, me ignora, me pregunta algo en un idioma que no conozco...todo es un caos. No sé qué hacer. Debo decidir si cojo el vuelo 0109 o por el contrario, me quedo aquí, anclada y una vez más, vencida por el miedo.
"Piensa, piensa, piensa en lo mejor, vamos, no pierdas esta oportunidad". Ya ni siquiera mi auto-consuelo me satisface.
Decido dar algunas vueltas, pues anuncian que mi vuelo se ha retrasado una media hora-"Genial, eso me da un margen". Deambulo por estos grandes espacios llenos de escaleras que van hasta a 4 pisos y no pierdo de vista ciertas señales para recordar el camino de vuelta.
Lo cierto es que mis ultimos 3 viajes fueron desastrosos, todos ellos desconocidos y fascinantes en un principio. Sin embargo, en el primer viaje tuve, digamos, un aterrizaje forzoso, una gran tormenta amenazaba parte de mi país y tuve que aferrarme a que, una vez pisara tierra, encontraría otro gran viaje. Aunque no fue ese el gran final, pues cancelé mi segundo vuelo. No me sentía preparada para tal viaje, tras éste último, así que me bajé del avión poco antes de despegar. Debo decir, en mi defensa, que no pensaba dejar de viajar, tan sólo plantearme unos nuevos objetivos. Mi tercer viaje fue breve, pero intenso. Quizás eso fue lo que no lo hizo ideal, pues en esa ocasión llevaba altas espectativas acerca de lo que encontraría en aquel lugar. Soñaba despierta cada noche con ese viaje, corrí ilusionada hacia el aeropuerto y reservé el primer avión que salía ese día a nosedonde. Pero de nuevo, me precipité con mi viaje, pues tanta ilusión se vio frustrada por un paraje desierto. No me gustan ese tipo de lugares, ni siquiera si son desconocidos.
Un anciano deambula por el pasillo en el que estoy sentada y no quedan más asientos libres, así que se lo cedo y me marcho hacia mi puerta de embarque.
Esta vez, no llevo predicciones hechas, ni prisas, ni siquiera el miedo de que de nuevo, me halle ante un aterrizaje forzoso. Sencillamente quiero montarme en ese avión y bajarme en otro lugar desconocido y explorarlo a fondo, como solía hacer casi 3 años atrás. El sentido de mi vida se halla en buscar, no en encontrar- parafraseando a Bucay.
Son las ocho de la tarde y me dispongo a cruzar los parámetros de seguridad de mi vuelo. Tras mostrar mi identificación, por fin, salto.
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